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13 abril, 2015

OSCAR CASTRO, EL MULATO 1953-2015 Q.E.P.D

En los años sesenta cuando un joven en pleno centro de Medellín ingresó a un Café para tomar algo, allí le llamó la atención un par de hombres que tenían de por medio una mesa con un tablero escaqueado de por medio y con sus miradas fijas sobre él, permanecían inmutables, no se percataban de nada de lo que sucedía alrededor, pero Caissa de inmediato le sonrió y lo encantó, vio algo en él y lo eligió para regalarle el don de apreciar el ajedrez. Tan sólo seis años después, en 1972 sorprendería a todos obteniendo el título de Campeón Nacional de Mayores.

En su comienzo no tuvo maestro, pero de manera autodidacta comenzó ahondar en los secretos del juego y a descifrar las leyes que lo rigen; recurrió al Café asiduamente para derrotar a todos y cada uno hasta ganarse la admiración y respeto de todos, tanto que lo animaron a participar en el Campeonato Departamental de Mayores y con tan sólo catorce años obtuvo el cuarto puesto, pero y pocos años después en 1970 lo ganaría de manera apabullante con 7,5 de 8 posibles.

En estos torneos, Castro conocería a la Leyenda viviente que ya era El Mago, Carlos Cuartas en aquella época, quien se convirtió en el padre que nunca tuvo y con quien compartió durante toda la vida, el gusto por todo aquello que deleita a los intelectuales y fueron muchas las horas de análisis sobre un tablero de ajedrez, discusiones literarias, músicas, cine, arte y filosofía entre otros.

En el año 1969 ya no batiéndose con los mayores, sino con los de su edad ganó el Campeonato Nacional Juvenil (lo que sería el Campeonato Nacional Sub 20 en nuestros días) con una gran facilidad, lo que animó a los directivos de aquella época a apoyarlo para asistir a representar a Colombia en Estocolmo en el Campeonato Mundial Juvenil.

En la capital de Suecia asistieron los mejores ajedrecistas de la categoría, era un torneo por grupos y Castro clasificó para la ronda final, entre sus triunfos allí fue el derrotar a Andras Adorjan, campeón de Hungría y quien a la postre obtuvo en esa ocasión el subcampeonato. Entre sus derrotas fue nada menos que contra Anatoly Karpov, campeón del evento, a quien le jugó gambito de Rey.

A la edad de 22 años Castro obtiene título de Maestro Internacional, en el zonal Centroamericano y del Caribe (Santo Domingo 1975) del cual fue campeón y que le dio derecho a participar entonces en el Zonal de Biel, donde obtendría triunfos importantes y entre ellos derrotar nada más y nada menos que al ex campeón del mundo Tigran Petrosian, en una lucha titánica después de una defensa francesa planteada por Tigran, Castro decide sacrificar el flanco de dama para ir por el rey del excampeón.

Obtuvo el máximo título en mayores en cinco ocasiones en los años: 1972, 1973, 1992, 1994 y 1999. Son casi incontables los torneos en los cuales logró alcanzar el primer puesto, pero él destacaba el torneo de Asunción en 1985, Campeón del  Carlos López In Memoriam en 1987 y sus excelentes actuaciones en Mar del Plata 1986, donde logró el segundo lugar, al igual en Linares 1980.

En sus propias palabras definía su estilo de juego: “Digamos que mi estilo es ecléctico y la definición de eclecticismo es: método y doctrina que consisten en escoger de entre varios sistemas las tesis mas aceptables, para formar un cuerpo de doctrina”.

Su deseo en cada torneo, también en sus palabras era “…mi aspiración es jugar hermosas partidas y si es posible ganar.”

Oscar era un lector asiduo y si se lo proponía un escritor de muchos quilates y prueba de ellos son un par de hermosos artículos publicados en la revista AJEDREZ UNIVERSAL No. 6 de 1989 titulado EL REY y al cual pertenecen estos apartes:

“Lo primero que llama la atención, al tratar de este personaje, su Majestad el Rey, es el dualismo, ambivalencia mejor, que encierra su extraña figura.

Antes que nada el concepto verdaderamente abstracto del jaque mate, objetivo último de toda partida.

!El jaque mate! con sus ecos de derrota y exultación: el rey está amenazado con jaque y, como el último vagabundo no tiene dónde ir.

Su dualismo, de paso, ha creado ingentes dificultades a los programadores de ajedrez por computadoras al asignarle un valor -una convención aproximada en la escala: la dama 10, torre 5, alfil 3.25, caballo 3, peón 1, la unidad. Pero, qué valor asignarle a un rey? Qué dificultad.

Fuerte en general en el final donde adquiere aires de primera dama y débil en las fases de apertura y medio juego, donde pide a gritos la protección de sus súbditos.

El rey por su timidez acostumbra refugiarse detrás de sus súbditos (el enroque, jugada de autodefensa). Cuando esto se olvida, por imposibilidad o por negligencia, queda en el centro a merced de las furias enemigas.

En el final  el rey cambia de actitud. Si antes era atacado de forma inclemente y principal víctima de todas las conspiraciones en la apertura y el medio juego, en el final, como si quisiera vengarse de su largo encierro, sale campante y se convierte en el protagonista principal del tablero. Su manejo exige tino y tacto.

Un ejemplo grandioso, donde el rey se cubre de gloria: se trata de uno de los más bellos finales compuestos. La naturalidad y plasticidad de la composición lo convierten en un ejemplo clásico: su autor, el gran Ricardo Reti – DIAGRAMA

Habrá notado el lector que en la última parte, los peones son también protagonistas principales. No podía ser de otra forma ya que en este misterioso juego no se mueve el más humilde peón en un extremo del tablero sin que este se llene de mágicas vibraciones. Espacio, materia y tiempo armoniosamente imbricados. El ajedrez como lenguaje sincrónico, según Saussure en su “Curso de Lingüística General”.

Todo empieza hace unos dos siglos con los vientos huracanados de la Revolución Francesa  cuando Philidor, gran músico y mejor ajedrecista dictamina de estos personajes, antes despreciados, “los peones son el alma del ajedrez”.

En el número siguiente de AJEDREZ UNIVERSAL, el 7, Oscar Castro escribió un extenso y documentado artículo sobre “LOS PEONES” con excelente estudio biográfico de Philidor. y numerosos ejemplos didácticos.

 Oscar Castro, nació en Medellín un 8 de Abril de 1953 desde su juventud fue flaco, desgarbado, cordial, sencillo, honesto y un sinnúmero de valores, el Mulato, como lo llamaba Boris de Greiff, lo ha alcanzado, a unos pasos del Café donde lo encantó Caissa y a escasas horas de su sesentaidosavo natalicio, la inevitable, para llevarlo al lugar de los inmortales.

Todos te deseamos que descanses en paz y te decimos que vivirás para siempre en nuestras mentes y corazones con tu gran legado. Adiós Maestro.

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